lunes, 29 de noviembre de 2010

Mail de trabajo

Aló, Luz, soy Rodrigo de producción (en realidad soy Rodrigo de Monterrey pero para efectos profesionales trabajo en producción) quería pedirte que me mandes por favor la información que tengas para el concierto que vas a dar el cuatro de diciembre para hacer el promo, tenerlo listo y poderlo montar con la calma necesaria. También si me puedes decir si hay música en el disco tuyo que tenemos acá me caería bien esa información.

Es una petición moderadamente urgente.




Me despido a no más de 75 metros de distancia.




Rodrigo


xoxo

martes, 23 de noviembre de 2010

Tequila, pizza y melancolía.


Oficialmente el invierno ha terminado, es 22 de marzo, el segundo día de primavera y parece ser sólo uno más del invierno citadino, durante el festival de la primavera el viento sopló como si nadie le hubiera pedido que se detuviera, frio y constante. Paté de Fuá suena en el zócalo capitalino, a unas cuadras se baila danzón al ritmo de una sonora, globos gigantes viajan por el centro guiados por mujeres y hombres vestidos como mariposas, hongos de tela crecen y se multiplican frente al Palacio de Bellas Artes cerca de una exposición de cine africano donde lo último que alcancé a ver fue, en las palabras del presentador, “Un extraño caso de cine africano surrealista de nuestros días”, cuatro vochos intentan subir una montaña de maíz, tres bicicletas escalan un puente de autos, un carro de platos está estacionado frente a la latino, un grupo de samba baila sobre el escenario: la gente lo mira en silencio y sin moverse, pobres, nunca se conectaron con el momento.

Dentro de un bar, al fondo a la derecha, cerca de la barra, encerrado por el techo y la gente: bebo una cerveza, recuerdo el fin de semana pasado cuando, en ese mismo lugar, gasté 500 pesos y salí con 18 cervezas robadas; una risa estruendosa seguida de otra igual o más fuerte me interrumpe, conversamos sobre las malhumoradas meseras del lugar, comparto la mesa con 8 personas, sólo a 3 las he visto más de 4 veces, entre cervezas recreo en mi cabeza conversaciones del fin de semana pasado: Bodas, hijos, educación -¿En qué momento dejamos de preocuparnos sólo por el aquí y el ahora?- trabajo, política, economía -¿Cuándo nos volvimos ciudadanos y no sólo gente que vive en este lugar?-. Cuento 10 cervezas sobre la mesa, 3 son mías –Voy a la barra ¿Alguien quiere algo?-El lugar está casi lleno, las mesas están atiborradas de envases y la fila para el baño de mujeres es considerable. Regreso con la mía y la que me han pedido, quiero tomar mi cerveza pero alguien me ofrece un cigarro ¿Cómo decirle que no a un cigarro?.

Los temas de “actualidad” no se hacen esperar: La ley antitabaco, las bolsas de plástico, El Festival la Noche de Primavera, los conciertos que se vienen, los que se fueron, las últimas películas que han salido, las viejas que siempre serán clásicas. La noche es fría pero la gente que comparte al menos dos gustos conmigo está cerca de mí, en la noche y al aire libre. Otros temas que no siempre surgen lo hacen esta vez. La gente con quien platico canta, un grupo de transeúntes canta con ellos. Miro a mi alrededor y descubro a muchos fumando –Que bueno que perdí el miedo al centro de noche- digo para mí en voz baja.

Regreso, las conversaciones han cambiado, hay más cerveza sobre la mesa, hay más gente en el local, la mesera nos ofrece botana, su humor ha cambiado, volvemos a hablar al respecto y mencionamos está vez lo gracioso que nos parecen sus “uniformes” de semi-ficheras, hablamos sobre ficheros, bares y la vida nocturna. Hay un reacomodo en la mesa, me siento con “el otro grupo” hablamos sobre cine y me comentan que me parezco a Tarantino, bromeo al respecto.

Alguien se para y regresa con un cigarro encendido –A esta hora ya se puede fumar adentro de los lugares- me dicen, veo la hora 2:05 A.M. corro a la barra, pido dos cervezas, una para mí y la otra para alguien más, me piden que lleve otras dos cervezas –Ya no podemos vender, luego no se van a las tres-. Enciendo un cigarrillo y fumo mientras bebo mi cerveza, el lugar está lleno a pesar de la hora ¿o gracias a ella?.

Es hora de cerrar, todos a la calle. Un par de personas se van –Tomamos un taxi de aquí, no se apuren, nos vemos el Lunes- Yo pregunto qué va a ser de mi –Vas a aplicar la de aventón- Callado acepto. Nuevamente caminamos por las calles del centro, están casi vacias: Donceles, 5 de Mayo, República de cuba. Al acercarnos a eje central alguien habla del miedo que le tiene a esa calle -¿Miedo a eje central?- pregunta alguien más mientras los mariachis a una cuadra persiguen carros -Pues sí, es peligrosa- le responden. Llegamos al auto que nos llevara y surge la inevitable duda -¿Y ahora?-.

A varios kilómetros del centro de la ciudad la dependiente del Oxxo nos vende dos botellas de tequila, seis litros de refrescos, dos paquetes de cigarrillos y algo de comer. --Supongo que no lee los periódicos- pienso. De vuelta al carro durante un corto tiempo. Por favor no hagan ruido, al menos mientras entramos- Dentro de la casa nos recibe una banda después de un desafortunado toquín. Beben cervezas y me invitan una. Mientras bebo oigo una conversación que entre chistes locales y nombres de personas que no conozco no puedo entender. –Ya nos vamos de aquí, sí, somos mucha gente y me van a regañar. Pero de cualquier forma aquí tienes tu casa-

De nuevo en el auto, esta vez con un destino que conozco – Nos tenemos que ir como a las ocho a más tardar-

En el departamento, después de acomodarnos, comenzamos a beber el tequila, la conversación es más amena que en el bar, me siento finalmente en plena confianza ¿Será el tequila o mi habilidad social?. Nuestras filas se ven menguadas cuando tres personas desaparecen, una mujer y dos hombres, por hoy ella duerme sola y los hombres comparten cuarto. La hora del baile llega, quedamos 5 y para fortuna de todos yo no sé bailar. Mientras miro a los otros pensando no sé qué cosas me llega el incontrolable deseo de aprender a bailar –Vamos, Ro, baila con nosotros-

El sol entra por la ventana, los pajaritos mañaneros cantan, yo después de “bailar” (muy entrecomilladamente) me siento y bebo una paloma más. Es hora de irnos, el plan es ir al Ajusco y desayunar. Despertar a todos resulta bastante sencillo –Que bueno que yo no dormí no habría poder humano para despertarme-.

De nuevo en un carro. De nuevo las filas completas. Unos duermen otros platican, yo no hago nada mientras lentamente me voy quedando dormido. –¡Epa! ¡despiértate!- me dicen, yo, obedientemente, me despierto. La descansada mujer baja a medio camino porque tiene que trabajar, los demás subimos al Ajusco, llegando a la famosísima “Ye” debemos de regresarnos a la voz de –Allá adelante ya no hay nada-.

El puesto de quesadillas está frio aunque el sol le esté pegando directo, el sueño no me permite ya pensar bien, pido comida y café, los demás piden sólo comida y al final alguien más pide también café, unos cuantos pedimos más comida, otros piden más comida yo pido más café. Juego con un perro, hablan de las cacalotas y de heridas de futbol, heridas graves y personales. -¿Quién va a manejar de regreso?- Yo me ofrezco, alguien más se ofrece y como es su carro no digo nada; en el fondo me siento aliviado: me voy a poder dormir.

Despierto al són de una invitación al Jarocho. Ya sólo quedamos 4 y ninguno trae dinero. Dos americanos y dos peñafieles con limón. Pasa gente frente a nosotros podridos en la banca y aun así nos damos el lujo de criticar. –Ya no podemos salir a correr a las cinco de la mañana, nos deja muy mal- No entiendo el chiste. Subimos al carro y volvemos al punto de salida. Entiendo el chiste. Recojo mi mochila que pesa mucho pregunto por qué y la abro: una botella de tequila y un refresco de tres litros.

4 cuadras, un camión, 10 cuadras más, 5 estaciones del metro, un transbordo, tres estaciones más, 5 cuadras más, dos puertas, dos pisos, diez pasos y me dejo caer sobre mi cama, el mundo ha dejado de existir para mí desde que recogí la mochila.

Cuando despierto está obscuro, pido una pizza por teléfono, la pizza llega: Mitad cuatro quesos y mitad hawaiana, la melancolía me alcanza. Quedan tres rebanadas y tengo algo de sueño…

Es lunes 23 de Marzo, es hora de ir a trabajar…

Promo Caleidoscopio Kerouac

Resulta que La Generación Beat no va a ser gran parte del programa y tonz no se puede usar mi promo que quedo bien bonito. Así que acá lo presumo. Escuchen el programa, va a estar bastante bueno.

OP MÚSICA PSICODÉLICA QUE COMIENZA BAJA Y POCO A POCO SUBE

LCOUTOR Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas

LOCUTORA Del 29 de noviembre al 24 de diciembre

LOCUTOR y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida

LOCUTORA De lunes a viernes a las ocho de la noche

LOCUTOR mientras sigo a la gente que me interesa

LOCUTORA Haremos un viaje entre los sonidos, la psicodelia, la guerra y la cultura de la segunda mitad de la década de los sesentas

LOCUTOR Por que la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo

LOCUTORA Una reflexión histórica con Jimena Guerrero

LOCUTOR La gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes

LOCUTORA En Caleidoscopio

LOCUTOR Sino que arde

OP MÚSCIA LLEGA A CLÍMAX Y SE PARA

LOCUTOR arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

LOCUTORA Por el 96.1 de fm Radio UNAM




lunes, 15 de noviembre de 2010

Última pieza en cuatro cuartos

Para Nela,

así tan sin razón como ella

Última pieza en cuatro cuartos


Otra vez estaba sola, otra vez tenía la palabra en la boca y la taza de té en la mano; ya se estaba acostumbrando.

Miraba, sentada en su comedor, la pintura que reposaba desde hace tres semanas, desde el día que llegó, sobre una de las sillas. Era hora de irse a trabajar y ella seguía en pijamas. El departamento estaba frío como siempre, afuera el clima no era mucho mejor la cama estaba destendida desde la última vez que cambió las sabanas, los trastes sobre el escurridor permanecían inmóviles, la flama del calentador era la única luz que no era natural en todo el lugar, los cojines de la sala, como siempre, en el piso, la gotera de la regadera, constante, seguìa su sonsonete.

La televisión del piso de arriba se prendió a todo volumen, el vecino llevaba una semana fuera de casa y había olvidado desactivar la alarma.

“Se fue y no va a volver” susurró una voz en su cabeza, la voz de ella: el cuadro. -Cállate- la televisión se apagó y de nuevo sólo el tlac-tlac (♪♪zz) de la regadera se escuchaba.

La flama del calentador se hizo grande y comenzó a bailar; extendió su mano para medir la temperatura, entró bajo el chorro y movió mojó su largo cabello, lo acarició y comenzó a lavarlo y repita y repita y repita ¿Ad infínitum? Se tomó todo el tiempo que necesitó, talló su cuerpo sin olvidar un detalle. El vapor empañó el espejo. “Mejor así, sabes bien que no soportarías verte de esta forma, no hoy”. Cerró la llave y nada de nuevo salvo la gotera: tlac-tlac-tlac (♪♪♪z) tlac-tlac-tlac (♪♪♪z) con el dedo en el espejo delineó su silueta.

Sentada en la cama miró las puertas abiertas de su ropero, permaneció allí hasta que el frío la caló. Todavía tenía húmedo el cabello cuando terminó de vestirse y los hombros de su blusa lo resintieron. “Tu mirada cambió cuando dio la última pincelada, tres semanas de eso”. -¿Qué es lo que quieres?- tlac-tlac-tlac-tlac-tlac-tlac (♪♪♪♪♪♪z) tlac-tlac-tlac-tlac-tlac-tlac (♪♪♪♪♪♪z)

Su cuarto, el baño, el comedor, el ropero, la flama del calentador, la regadera, los cojines, su silueta en el espejo, la taza de té vacía sobre la mesa, el frío, el vapor, el trabajo, la tele del vecino, la palabra en al boca; nada tenía sentido: No sola.

¿Qué esperas?”-Que salga el sol de atrás de esa nube-”No va asalir,, no es una nube normal; pero allá la sombra se acaba: Ve o quedate aquí a pudrirte”-¿Aquí a pudrirme?- tlac-tlac-tlac-tlac-tlac-tlac- tlac-tlac-tlac (♪♪♪♪♪♪♪♪♪z).

Se quedó parada frente a la puerta con las llaves en la mano, las paredes pelonas del departamento la acusaban de haber siempre negado su pasado, sólo el cuadro en la silla, ahora a sus espaldas y el recuerdo que sus amantes conservarán de ella, serán las únicas pruebas de su existencia. En su cabeza comenzó a bailar, recordando cada detalle de la primera coreografía que montó. Cuando terminó levanto el cuadro y lo colocó en la pared casi a ras de cuelo, sobre el único clavo que hubo en ese sitió -¿Qué esperas?-”¿Qué esperas?”-¿Qué esperas?- TLAC (○) La gotera era lo único que sonaba.

En silencio desde la pared ella la miraba y alrevés, había melancolía en sus ojos que nunca antes había notado, (zzzz) (zzzz) En silencio comenzó a bailar, el agua llegaba a lamitad del cuadro y ella flotaba sobre el lago que era ahora el piso de su departamento. La pintura comenzaba a caerse del cuadro, y poco a poco el agua se tornaba, poco a poco, de todos los colores del espectro visible, otra vez estaba sola, otra vez con la palabra en la boca, ella siguió bailando hasta el final. Ya estaba acostumbrada.