martes, 11 de enero de 2011
1/11/11
No desayuné, me levanté a tiempo pero no desayuné, me di un baño, vi el final de un programa que dejé cargando toda la noche pero no desayuné, preparé café y esperé sentado a que el agua se calentara, serví el café, esperé a que hirviera, apagué la lumbre, lo puse en una taza y empece a tomar café sentado comodamente en mi comedor y no desayuné; ahora tengo hambre y todo lo que puedo pensar es en la falta de alimento solido que mi estómago me reclamará todo el día (o bueno, de menos hasta la hora de la comida); también puedo pensar en los días que me despierto crudo (de cigarro o de alcohol) y me quedo todo el día con mi cruda, no hago nada al respecto, giro en mi cama de un lado a otro, esperando a que se vaya, pensando en ella, concentrando cada fibra de mi ser (o lo que queda de él) en sufrir, en pensar -es la respuesta de tu cuerpo por algo que no hiciste- o -que hiciste demasiado-, es tu "madre intertna" regañandote, es lo que recibes por pasartela demasiado bien anoche (porque supongo que ayer me la pasé demasiado bien sino cuál era el punto de seguir bebiendo), mea culpa, mea culpa, mea culpa; me voy al baño y sufro, me voy al comedor y sufro, me voy a la sala y sufro, salgo de mi casa y sufro no salgo de mi casa y sufro adentro... Contrario a mi filosofía de vida: siento que es importante que si ya te estás haciendo sufrir lo mejor es sufrir, lo que no te mata te hace más fuerte, supongo; y entonces, hipocritamente, cuando ya estoy harto de sufrir la cruda me voy a la tienda de la esquina o a la cervecería de la otra esquina y me tomo una cerveza. Volviendo al tema: No desayuné y creo que mejor me voy por una cerveza.
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