sábado, 26 de marzo de 2011

Domingos

Te levantas, haces ejercicio, desayunas, tomas una taza de café, lees el periódico, tomas otra taza de café, abres la ventana, prendes la computadora, cierras la ventana pones música, microsoft works, la pantalla mira tu cara de pendejo mirando la pantalla en blanco, preparas más café, tomas otra taza de café, sales a caminar un rato, regresas con un helado a medio comer y a medio derretir, te sientas en el comedor, hojeas el periódico de nuevo, tomas un cuaderno y una pluma, te dispones a escribir, decoras el margen del cuaderno, el cuaderno mira tu cara de pendejo mirando la hoja en blanco, sales a caminar un rato llegas a un café pides una taza, miras la taza blanca y tomas el café de un trago casi, miras la taza vacía, la volteas para adivinar tu futuro, lees el café y no te dice nada, pagas, sigues caminando, sientes hambre, te detienes en un puesto y pides algo, comes, pagas y sigues caminando, notas que empieza a obscurecer, vuelves a casa caminando desganado, te sientas en la sala, miras el techo, no decides si es prudente cenar o no, cenas de todas maneras, preparas otra taza de café, te das cuenta de que lo que te gusta es en realidad el olor y no el sabor, miras los trastes sucios sobre el lavabo, sientes culpa, los lavas, preparas la última taza de café, dejas el pocillo sobre la estufa con todavía algo de café dentro, te metes en la tina, escribes esto lo firmas con hora y fecha, alguien encontrará la hoja que ya no mira tu cara de pendejo mirando la hoja en blanco, la taza negra y el pocillo plateado con algo de café frío en ellos y el agua roja.

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