El principio de un cuento... O el final o una parte de por allí, no sé.
Detrás se ocultaba un rostro joven, lleno de vida.
Tenía una cicatríz en la cara que atravesaba del hoyuelo derecho hasta la cien izquierda, en el pasado le habían ofrecido una operación y ella la había rechazado.
-¿Por qué?
-¿"Por qué" qué?
-¿Por qué no te operaste?
-Cada pliego en mi piel dice quién soy, cómo llegue aquí, cuenta mi historia.
Corrí la sábana y la destapé, el frío le puso la piel de gallina pero no se movió, sólo me miró mirarla. Nos quedamos acostados en silencio, siempre en silencio.
-¿Cómo crees que termine con está cicatriz?
-No sé, no sé nada de ti.
-Esa es la magia, soy quién quieres que sea.
-No, no eres nadie, no te conozco.
-Cuéntame ¿quién soy?
-Creo
-No ¿quién soy? no quién crees. Mírame y dimelo.
-Esto- Señalé las marcas del arco de su boca- Lo tienes porque eres de risa facil, te gusa reir y hacer reir a la gente, quieres que todos estén bien. Te preocupas por ellos, hasta los que no conces, te paras a ayudar a la gente en la calle, no siempre tienes dinero y aveces hasta te sientes culpable por no poder dar cuando te piden, pero te sientes más culpable cuando si das y no puedes hacer más al respecto. Aquí -Señale las arrugas de sus ojos- Me cuentas que has llorado, que las lágrimas dejaron seco el principio del camino para poder salir más facilmente en el futuro, porque estás dispuesta a llorar todo lo que sea necesario para poder llegar a dónde quieres. Tu cicatriz del hombro -Por primera vez toqué su hombro- me cuenta que tu doctor era malo, no sabía inyectar y que le tienes miedo a las jeringas. Prefieres, cuando puedes evitarlo, ir a parar a un hospital o al consultorio de un doctor. De joven te metiste con el tipo equivocado y tu mamá no sabe que tuviste un aborto -Mi mano derecha paseaba sobre su vientre-, te odiaría el resto de su vida si se entera. Aquí, cuando aprendiste a andar en bicicleta, en un parque y chocaste contra la reja, te dolió mucho per preferiste aguantarte que ir al hospital, de todos modos tuviste que ir.- Cerré mi mano y tomé su tobillo, comence a besarle la planta del pie y a subir por su pierna, besé todo su cuerpo, sin olvidar nada, y seguí besandola, en silencio una ez más - Pero sigo sin saber quién eres.
-No me has dicho todo, qué hay con ésta.
-No lo sé, no quiero imaginarlo.
-Es mejor así, si no la nombras no existe y puedo olvidarlo.
Se paró, la miré vestirse y no le pedí que se quedara, quería que se quedara pero no pude pedírselo. La miré en silencio y la miré irse, desvancerse. Toda una semana la veía alejarse, -no la conzco, no la conozco- Me repetía -No la conozco ¿Por qué la amo?- y silencio de nuevo.
Tomando una cerveza en la barra del bar el olor a aguacate volvió a cubrirlo todo.
-¿Sabías que soy alérgico al aguacate?
-¿Sabías que eres el único que dice que a eso huelo?
Fumábamos en la banqueta, las cervezas se calentaban en la mesa del bar que se iba a quedar esperando un rato más, una carcacha paso echando humo cerca de nosotros, el cigarro se consumió en mi mano hasta las últimas consecuencias. El frí ocalaba de nuevo.
-Siempre que te veo son días fríos.
-Qué cursi eres.
-...
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